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jueves, 24 de junio de 2021

Don Juan Delgado Bruzón, alcalde, empresario, hombre generoso y desprendido

 

Así se expresaba Carlos Delgado Álvarez de Sotomayor en los números 246, 247 y 248 (octubre a diciembre 2008) de la revista El Pontón

Hay en la historia de los pueblos personajes a los que el tiempo borra del recuerdo por razones distintas.  Personas que en su época marcaron estilo, dieron impulso a la economía, fueron estrellas en el panorama cultural, etc.  


Es el caso del personaje que traemos a nuestras páginas: D. Juan Delgado Bruzón, alcalde, empresario y hombre emprendedor que vivió en la etapa de mayor desarrollo económico de Puente Genil: el último tercio del siglo XIX y el primero del XX.  A través de estas notas, tomadas en su mayoría de lo recogido por Arroyo Morillo en la revista MI PUEBLO y de los recuerdos de la familia, queremos hacer honor a la memoria de este prohombre de Puente Genil.

Juan Delgado Bruzón
Era hijo de D. Carlos Delgado Parejo y D.ª Carmen Bruzón García Garáiz.  Su madre era oriunda de La Habana, lugar en donde la conoció su padre, que estuvo destinado allí como titular de un juzgado, como Asesor titular en Nueva Filipina y Auditor Honorario de la Armada.  Volvió a Puente Genil y se dedicó a las explotaciones agrícolas.  Así, Juan Delgado Bruzón nació en la casa nº 23 de la calle de la Plaza, el 2 de noviembre de 1859.  El pueblo en que vio la luz era una villa de unos diez mil habitantes, a la que se llegaba por caminos mal arreglados y apenas transitados, por su lejanía de las vías principales, e infestados de bandoleros que imponían su voluntad a los amedrentados viajeros.  Eran tiempos difíciles, de incertidumbres políticas y de luchas por el poder.  A los cinco años asiste a uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Puente Genil: la inauguración de la vía férrea.  El tren inaugural, en el que se pasearon la corporación municipal con el Ministro de Fomento, hizo su recorrido el 10 de agosto de 1865.  Dado que se puso en funcionamiento la estación, se construyó el camino de acceso a la misma a través de la Cuesta del Molino y comenzó la expansión de la localidad hacia la Matallana.  El impulso a las comunicaciones trajo otra revolución: la del adecentamiento de las calles.  El tren trajo una figura indiscutible para el desarrollo económico local: Leopoldo Lemonier, ingeniero que, además de otras muchas obras, proyectó el definitivo arreglo del puente sobre el Genil, al que dotó del arco que da a la parte del Pontón de D. Gonzalo (los otros dos, son del siglo XVIII).

Desde muy joven sintió Juan Delgado la pasión por el mando, aunque sin ánimo de provecho propio, sino por el bien de la comunidad.  Este sentimiento le llevó a cursar estudios militares.  Mas, viendo que era la política y no la de las armas su vocación, abandonó el ejército para dedicarse a ésta y a la agricultura en su pueblo.  El 1 de mayo de 1882 contrae matrimonio con D.ª Ascensión Delgado Parejo, que era su prima hermana (sus padres eran hermanos), y funda el hogar familiar en la casa de la calle Delgado 2, que, hasta hace pocos años se mantuvo tal como él la habitó, con la excepción hecha del molino de aceite que poseía, que fue comprado por Juan Villafranca Porras a principios de los años ochenta del siglo XX, para construir su vivienda.  Esa casa merecería un artículo aparte, pues son muchas las anécdotas y circunstancias que en ella se vivieron.  Mas sigamos con la biografía de D. Juan. 

Familia Delgado Bruzón
Familia Delgado Bruzón

Es nombrado jefe local del partido Monárquico Liberal, puesto en el que sucede a su padre don Carlos Delgado Parejo.  El 1 de julio de 1887 entra a formar parte del ayuntamiento por primera vez, ocupando el puesto de primer teniente de alcalde.  Desde ese día hasta el 14 de abril de 1931, fecha de proclamación de la Segunda República, participa de una u otra forma en la vida pública local (bien directamente como alcalde o concejal, o a través de puestos de responsabilidad en organismos municipales y económicos de Puente Genil).  Es nombrado Alcalde por primera vez con treinta años recién cumplidos, el 1 de enero de 1890.  La última vez que deja el cargo es el 29 de noviembre de 1928, con sesenta y nueve años.  Toda una vida dedicada a la política, en la que constancia, altruismo y tenacidad serán las luces que alumbren su conducta.

Juan Delgado Bruzón, niño
Juan Delgado Bruzón, niño
Sin tener en cuenta las veces que fue alcalde de forma accidental, cuatro etapas son las que ejerció el cargo de forma continua.  La primera es la ya apuntada y la de menor duración.  Desde el principio deja claras sus intenciones de hacer de este un gran pueblo.  El 1 de julio de 1890 manifiesta a la corporación municipal “la necesidad de la ejecución de las obras necesarias para conseguir la pureza y encauzamiento de las aguas potables, siendo de gran necesidad procurar al vecindario aguas de buena calidad, por ser el agua vehículo de los gérmenes de las enfermedades infecciosas y ser la del río Genil de malas condiciones a causa de descargar en él otras poblaciones un torrente diario de materias repugnantes y hediondas”.  Es su gran preocupación procurar a sus convecinos agua buena y abundante y su gran deseo tener la oportunidad de proporcionársela.  En aquella época, muchas de las aguas que se utilizaban para consumo humano venían directamente del río, sin depurar.  Eso fue causa de muchas de las enfermedades que aquejaban a la población, especialmente en verano.  Además de este deseo que no se vería cumplido hasta cuarenta años después (en su última etapa como primer edil), en su primer mandato hay que destacar varias disposiciones de carácter sanitario y la medida de empedrar el puente.  Tras siete meses de gobierno, motivos de salud le obligan a dimitir del cargo, aunque continúa como concejal.  En esa época dirige la sociedad eléctrica La Aurora.  Unos años antes había sido impulsor y cofundador –con el eximio poeta Manuel Reina, del que era amigo y coetáneo, y otros paisanos– del Casino Liceo, del que tantas fue su presidente.  Con José Morales Estrada y otros socios fundó también la fábrica de aceite de Santa Elena, que luego pasaría a ser sólo de la familia Morales Delgado y Morales de la Cámara y que fue de las primeras de Andalucía y España en exportar aceites de oliva finos –como eran denominados entonces- a América.

Después de una sesión municipal borrascosa que tuvo lugar el 1 de enero de 1902, toma nuevamente posesión de la alcaldía el día 6 del mismo mes. El día 17 de mayo es la Jura como Rey de España de S. M. D. Alfonso XIII y con tal motivo se desplaza a Madrid en representación del Ayuntamiento y es recibido por el Rey el 23 de mayo y por el Ayuntamiento de Madrid el 24, al objeto de fraternizar con las Representaciones Locales. Con ocasión de este viaje ofrece sufragar con su peculio propio los gastos que le ocurran en la Corte, cosa que le es aceptada y agradecida. No es la única vez que lo hace; cuando en otro de sus período de mando dirige una instancia al Director General de Agricultura, Industria y Comercio, el diputado a Cortes por este distrito, don Martín Rosales, solicitando la creación en este término de un Campo de Experimentación Agrícola, por los beneficios que a este población eminentemente agrícola había de reportar la enseñanza de los modernos sistemas de cultivo, afirma que si lograba la concesión y el Ayuntamiento no podía sufragar los gastos, él estaba dispuesto a facilitarlos en beneficio de sus convecinos. Es uno de los rasgos más distintivos de D. Juan Delgado Bruzón, todos sus períodos de alcaldía le cuestan dinero.

Los vaivenes de la política nacional se reflejan en la local y el 22 de julo de 1903 le toca cesar como Alcalde, cargo que vuelve a ocupar en efectivo, después de un período de interinidad, el 16 de noviembre de 1905. Un mes después, el 14 de diciembre, crea la Escuela de Artes e Industrias con el fin de que reciba instrucción la clase artesana, y el 29 de junio de 1906 a las seis y media de la tarde inaugura el monumento erigido por suscripción popular al eximio poeta Manuel Reina en la casa en que nació, monumento que a él le cabe (son sus palabras) “la triste satisfacción de descubrir”. Tristeza por la desaparición del amigo con el que compartió los juegos de la niñez, las ilusiones de la juventud y las luchas de la virilidad; satisfacción por ser él en nombre del pueblo quien le rinda el merecido homenaje. Satisfacción en rendir homenaje a un convecino ilustre en el orden nacional, regional o local, la siente don Juan Delgado siempre a lo largo de toda su vida; así cuando el 11 de enero de 1928, en su último período de Alcaldía, se nombre Hijo Predilecto a don Rodolfo Gil Colón (nota del blog: confunde Arroyo Morillo el segundo apellido de Rodolfo Gil Fernández), ilustre literato, director de la Escuela Centra de Idiomas; así cuando el 5 de julio de 1928 apoya la petición de los vecinos de Miragenil que “teniendo en cuenta las dotes de caballerosidad, honradez, y altruismo de su convecino don José Marta López Quintero, recientemente fallecido quieren que se rotule con el nombre de José Marta cualquier calle de dicho barrio” y se designa para dicho objeto la calle Posadas.

Juan Delgado Bruzón
Véase la revista El Pontón núm. 379, diciembre 2020

No cesa como Alcalde efectivo en este su tercer período de mando hasta el 1 de julio de 1906, pero desde el 12 de mayo de 1907 en que pide licencia por tres meses, por los consabidos motivos de salud, licencia que es objeto de prórrogas sucesivas, no vuelve a aparecer por el Ayuntamiento. Parece que comienza en esta época un eclipse en la vida política de don Juan; continúa evidentemente interesado en la política loca y sigue influyendo en ella, pero no ocupa cargos públicos y parece dedicar toda su atención a la agricultura. Poseedor de tierras en pagos muy fruteros de aceituna, elabora excelentes aceites con los que consigue a lo largo de su vida numerosos premios y menciones honoríficas, siendo quizás el principal de ellos, el Primer Premio, regalo del Rey don Alfonso XIII, obtenido en la Exposición Regional de Aceites de Oliva organizada por la Cámara de Comercio de Córdoba, el 15 de enero de 1908.

Para acabar con la anarquía política y social imperante en España, inicia el 13 de septiembre de 1923 el General Primo de Rivera, desde la Capitanía General de Cataluña en Barcelona, el período histórico que se conoce con el nombre de Dictadura.  Con este motivo se inicia una era de paz y tranquilidad y hombres afectos a la nueva situación van ocupando el poder en los distintos pueblos y ciudades de la nación.  Los Ayuntamientos que se suceden, no se dedican ya a deshacer la obra del anterior, sino a continuarla, completarla y perfeccionarla y el resultado se traduce inmediatamente en bienestar y progreso; progreso mayor o menor de cada localidad, según la acertada gestión de sus Hombres de la Dictadura. ¡Nuestros hombres de la Dictadura! ¡Magnífico plantel de hombres magníficos con los que Puente Genil está en deuda! Leales, abnegados, trabajadores, sacrificados por sus convecinos, la mayor parte de ellos nos abandonaron ya para siempre. Unos porque perecieron en la Tormenta Revolucionaria que había de asolar España unos años después, otros, porque les llegó serenamente el fin de sus días: algunos, y quiera Dios que, por mucho tiempo, continúan entre nosotros. Y al frente de un grupo de estos hombres, toma de nuevo el mando D. Juan Delgado Bruzón el 25 de marzo de 1926.

Con tan excelentes colaboradores su gestión resultó un éxito completo. Aprobada la Carta municipal el 11 de mayo de 1926, Puente Genil se engrandece y prospera por días; se abren nuevos comercios e industrias; se construye un puente económico sobre el río Yeguas y se reforma el del Genil;, se organiza el Servicio de Extinción de Incendios con camiones y moderno material; se construyen alcantarillas y caminos vecinales; se hacen mejoras en el Asilo de Ancianos Desamparados; se adoquinan y reparan las calles; se repara el templo de la Veracruz por suscripción, a la que contribuye el Ayuntamiento; se reorganizo la Banda Municipal y se inauguran la nueva sucursal que establece en la población el Banco Central, festejada por éste con la entrega de cien cartillas con 25 pesetas y 1.000 pesetas para los establecimientos de la Beneficencia; y la nueva Central de la Compañía Telefónica. También está Puente Genil presente en la vida nacional en este período de su historia. Así, se rinde homenaje a los nobles e intrépidos tripulantes del Plus Ultra, se celebran fiestas en honor de los soldados que han tomado parte en las diversas campañas de África, se suma al Homenaje Nacional al General Primo de Rivera y se contribuye a las suscripciones abiertas en beneficio de los damnificados en la Catástrofe del Teatro Novedades de Madrid y en la explosión de Melilla.

Puente Genil está bien defendido por hombres que lo aman. El 10 de mayo de 1927 se da lectura al proyecto judicial del Territorio de la Audiencia de Sevilla, por el que se adjudica nuevamente a Aguilar de la Frontera la Capitalidad del Partido. El Ayuntamiento presidido por don Juan Delgado Bruzón acuerda por unanimidad pedir la traslación de la Capitalidad del Partido a esta Villa, “teniendo en cuenta el mayor número de habitantes, la superioridad industrial y mercantil de esta Villa sobre Aguilar y las mejores comunicaciones que tiene Puente Genil con los demás pueblos que han de concurrir al Partido” y decide concurrir a la Información Pública, haciendo resaltar por medio de estadísticas la superioridad antes señalada. Igualmente, el 16 de junio de 1928 acuerda el Ayuntamiento a propuesta de su primer Teniente Alcalde, aquel benemérito ciudadano que se llamó don José Flor Reina Carvajal, estudiar la posibilidad de interesar del Ministerio de Instrucción Pública la instalación en esta villa de in Instituto de Segunda Enseñanza Elemental. Acuerdos que, si bien no prosperaron, no empañan en lo más mínimo el mérito de los hombres que los tomaron.


Hemos dejado para e final a propio intento las dos obras más transcendentales iniciadas y concluidas en este período: la construcción del nuevo Ayuntamiento, necesidad anteriormente sentida, proyecto de alegre y airosa traza, obra del arquitecto don Luis Berges Martínez y la captación y gran traída de aguas -¡por fin iba a realizarse la gran ilusión de don Juan!- de Fuente Álamo y Monte Cañero (con su complemento de la construcción del Depósito Regulador), proyecto del ingeniero don Antonio Carbonell y Trillo Figueroa, para sufragar la cual concierte el Ayuntamiento un empréstito de 500.000 pesetas con el Banco de Crédito Local de España y no siendo suficiente esta cantidad una ampliación de 150.000 pesetas más con la misma entidad.

Terminadas estas obras, presenta don Juan el 23 de noviembre de 1928 la renuncia de sus cargos de Alcalde y Concejal, dimisión que le es aceptada seis días después. Pero vuelve a reaparecer como Concejal y primer Teniente en el Ayuntamiento que se constituye en 1930 a la caída de la dictadura, volviéndose a distinguir de nuevo por su combatividad, esta vez desde la oposición.

Efectivamente, D. Juan Delgado da una prueba más de su lealtad a sus ideales adhiriéndose el 9 de marzo de 1930 a un escrito valiente de D. Antonio Estrada Morales -¡otro de aquellos hombres inolvidables que se nos fueron!- en el que “manifiesta su enérgica protesta por la rotura de la placa que da nombre a la calle Primo de Rivera y solicita sea repuesta en el mismo sitio donde fue quitada", y el 13 de mayo del mismo año vuelve don Juan al ataque al manifestar que aún no se había efectuado dicha reposición.  Esta situación no podía durar mucho y el 31 de mayo tiene que cesar como miembro de la Comisión Permanente, aunque continúa luchando desde su puesto de Concejal en el que le sorprende el 14 de abril de 1931.

Aquí se acaba ya la vida política de D. Juan Delgado Bruzón. A la bandera de su Unión Patriótica le había salido una ancha morada que la afeaba, pero todavía habría de vivir o suficiente para ver cómo esa mancha volvía a teñirse de rojo con la sangre de cientos de miles de españoles.

Al comienzo de la República los cambios fueron relativamente moderados; el nomenclátor callejero puede darnos la pauta: se cambian fechas y se sustituyen nombres. Así, la calle 13 de septiembre para a llamarse 14 de abril; Alfonso XIII, Alcalá Zamora; Reina Victoria, Victoria Kent.

Pero España se va despeñando por el precipicio de la anarquía y la horda se lanza a la calle. D. Juan Delgado Bruzón, hombre de valor rayano en la temeridad, consciente de sus deberes ciudadanos se enfrenta más de una vez con ella, pistola en mano, haciéndola siempre retroceder, sabedora de que enfrente tenía un hombre que iba a vender cara su vida. Ya no tiene sitio en el ayuntamiento, su puesto está en la calle con más de 75 años para sostener un edifico que se cuartea: la Nación.

España se “rusifica” y Puente Genil se “rusifica” también. El 20 de junio de 1936 se nombran Ciudadanos de Honor a las “víctimas del Fascismo Internacional”: Luis Carlos Fuentes –el comunista brasileño-, Ernesto Thaelmann –el alemán encarcelado en tiempo de Hitler-, Matías Rakosi –el húngaro cuyo nombre tanto juego dio en la sublevación magiar de 1935-, y Ana Pauker –la estalinista rumana caída en desgracia bajo el mando de Kruschef-.   si en el inmortal poema del 2 de mayo se dice que hasta las tumbas se abrieron gritando: ¡Venganza y Guerra!, también podríamos decir aquí que las tumbas del Guardiamarina Godínez y Mihura, del Contralmirante Delgado Parejo y del insigne poeta Manuel Reina, verdaderos Ciudadano de Honor de Puente Genil, se estremecerían hasta sus cimientos al contacto de sus nuevos “compañeros”. Estamos llegando al límite: ña calle Madre de Dios pasa a llamarse Máximo Gorki; la Plaza de España, Plaza de Carlos Marx; la Plaza del Romeral Plaza de Lenin.

¡Pasó la tormenta! Debido a un conjunto de circunstancias favorables, don Juan Delgado Bruzón consigue salvar su vida y asiste a la entrada de las tropas nacionales en Puente Genil el día 1 de agosto de 1936. Aún vivió algunos meses más. De estatura más bien baja, pelo corto y bigote canoso, podía vérsele, desde bien temprano, deambulado lentamente por las calles, apoyándose en su bastón, haciendo frecuentes paradas para observarlo todo fijamente, o bien montado en su coche -¡aquel coche de don Juan, por su fiel Aires!- camino del campo o de regreso de él, o entrando en el Casino Liceo, o sentado de tertulia en la imprenta de su buen amigo don Tomás G. Caballos, a quien tanto apreciaba.

Después de regresar del campo el 25 de abril de 1937, notó los primeros síntomas de la enfermedad que habían de llevarle a la tumba; su fuerte naturaleza luchó todavía durante un mes con ella y con los escasos medios de que se disponía en una España en guerra y a las ocho de la mañana del 25 de mayo de 1937 falleció. Contaba 77 años, 6 meses y 23 días.

España se debatía en una lucha a vida o muerte que absorbía toda su atención y todas sus energías, y el traslado de sus restos al Cementerio Católico de Puente Genil efectuado al día siguiente, no tuvo la repercusión oficial que, de haber fallecido en otras circunstancias más favorables, indudablemente hubiese tenido. Pero el sentimiento fue general entre las muchas personas que lo conocían y que por conocerlo lo apreciaban.

“MI PUEBLO” rinde emocionado homenaje en el primer centenario de su nacimiento a esta gran figura pontanensa que, por encima de defectos y virtudes, en las que éstas superaron con mucho a aquellos, fue sobre todo y en todo momento UN HOMBRE DE BIEN.

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