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martes, 1 de mayo de 2018

Leopoldo Lemoniez y Renaud, ingeniero francés

A través de distintas etapas, la Historia nos presenta un amplio elenco de hombres y mujeres que, sin ser de Puente Genil, lo cierto es que su aportación a nuestra configuración como pueblo fue tan decisiva, tan fundamental, que desde siempre los hemos considerado absolutamente nuestros.
Es el caso del ingeniero francés que da título a esta nueva entrada.


El pasado 30 de abril de 2018, en calidad de director de la revista cultural local El Pontón, tuve el privilegio de participar en la presentación de un nuevo vino de Bodegas Delgado. En ella, no sólo se contaron y cantaron las excelencia del riquísimo caldo "Lemonier", elaborado a partir de uva chadornnay, sino que conseguimos arrojar algo de luz sobre la figura de nuestro ingeniero. Unas notas, que quisiera compartir con todos los lectores de este blog.



Estación de ferrocarril de Puente Genil,
finales siglo XIX.
Como curiosidad, la salida de carruajes se conserva intacta.
Hablar de Leopoldo Lemoniez es volver la vista hacia el Puente Genil del progreso, el de las nuevas ideas y el emprendimiento que alumbraron la segunda mitad del XIX. Es hablar de un tiempo en el que, entre otros, tres factores determinantes coadyuvaron, sin duda, a una de las épocas de mayor esplendor económico, cultural e industrial de nuestra villa: la llegada del ferrocarril, la luz eléctrica y la existencia de una élite -valiente e imaginativa-, que por primera vez en la historia apostaba por proyectos empresariales e industriales, en detrimento de lo que hasta entonces había sido el primer factor de riqueza, la ostentación de la tierra.


Puente de Hierro con refuerzo de pilares.
Puente de Hierro en su configuración original.
Fuente: Biblioteca Nacional












Y es precisamente el ferrocarril (uno de esos tres factores que nos abrieron las puertas del mundo), el que nos trajo entre 1860 y 1865 a Leopoldo Lemoniez y Renaud. En ese período la Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Málaga está construyendo la línea férrea y adjudica la construcción del puente de hierro a la empresa francesa Vitali Picard y Cía. Con ella y para dirigir las obras del puente llegará el joven Lemoniez, discípulo, por lo demás, de Gustav Eiffel.
El Pontón, febrero 2012. Vista del Puente de Hierro (alrededor de 1867)
Posiblemente la primera imagen que conocemos del Puente de Hierro fue objeto de portada en El Pontón en febrero de 2012, y corresponde a una acuarela que forma parte de una colección de un gabinete que no se visita de la reina Isabel II y firmada por Juan Velasco, restaurador del Museo del Prado. 

Ricardo Moreno Ortega
(Puente Genil lo recuerda desde 2017
con un paseo a su nombre)
y su esposa Rosario Melgar Padilla
Es este francés escurridizo y casi desconocido quien reclama la presencia en Puente Genil como Ayudante de Ingenieros de Ricardo Moreno Ortega, quien pudo llegar a la villa alrededor de 1864.  Aunque era de Alcalá la Real, su madre era de Pau, en Francia, por lo que Ricardo hablaba correctamente el francés, hecho éste que posibilitó su llegada de la mano de Lemoniez. 
De Moreno, otro de los nombres que con luz propia alumbra el último tercio de XIX, solo apuntaremos unas breves notas: su imprescindible concurso en la fabricación de la luz eléctrica en 1889, su colaboración en la construcción del Puente de Hierro, la ampliación de la ermita de Jesús Nazareno, reconstrucción de la Parroquia de la Purificación y el arreglo de la fachada de la iglesia de la Victoria, en Los Frailes. Y la llegada de Moreno Ortega a Puente Genil, recordémoslo otra vez, es mérito fundamental de aquel que lo reclamó, nuestro ingeniero Lemoniez. 

Firma Leopoldo Lemoniez
En aquellos años Lemoniez, que había españolizado su apellido convirtiendo su “r” natal en la “z” española (y dando así origen un apellido al modo de los Gómez, López o Jiménez), se asienta en Puente Genil por entre veinticinco o treinta años, creando un sello arquitectónico pontanés, que aun hoy identifica la excelencia de nuestro más importante patrimonio industrial.

Posiblemente la vista más antigua de Puente Genil, alrededor de 1866.
Véase con detenimiento el puente, sin el gran ojo del lado del paseo.
Hasta 1874 nuestro puente tenía una configuración similar a la actual, con dos arcos en la zona de Miragenil, pero con solo una pasarela de madera y en estado ruinoso, que iba desde la mitad del puente hasta la parte del paseo.
Estado primitivo del puente, antes de la reforma de Le
El Ayuntamiento contactó con Lemoniez para que presentase dos posibilidades de reforma del puente, contemplando su reconstrucción tanto en hierro como de mampostería. Así lo hizo presupuestando el de hierro en 26.750 pesetas y el de mampostería, sin entrar en detalles, lo calculaba alrededor de las 110.000 pesetas. A pesar de la diferencia de coste, el Ayuntamiento apostó por la reforma en mampostería, subastando las obras de construcción del arco del  lado del paseo, y adjudicándose a Lemoniez en 97.000 pesetas.



Las primeras piezas o dovelas se pusieron el 9 de septiembre, la última (la clave de piedra del lado que mira al agua) el 29 de octubre, quedando terminado el arco en diciembre de 1874, curiosamente el mismo año de fundación de Bodegas Delgado, que une así su nombre a nuestro símbolo más universal. 
Lemoniez fue asistido por el carpintero Juan de la Cruz y el picapedrero portugués Antonio de la Rives. Durante la ejecución de la obra el propio Ayuntamiento decide también la reparación de arco del puente que se apoya en el estribo de Miragenil y refuerzo y consolidación de los existentes para contrarrestar el empuje del nuevo arco. Obras estas últimas, que también ejecuta Lemoniez. Y dos años después, en 1876 se le adjudica el muro de contención del paseo y el paseo público, obras que fueron recepcionadas el 28 de abril de 1877 (antes de ayer se cumplieron ciento cuarenta y un años). 

A partir de entonces Lemoniez aparecerá ya en varias ocasiones designado como perito y contratista de obras municipales y en 1881 también se le adjudican las obras de reforma de la calle Ancha y calle de la Plaza. 
La imagen más antigua de la calle de La Plaza. Año 1889,
meses antes de la llegada de la luz eléctrica.


Desmonte de "La Luz", dirigido por Lemoniez.

Terraplén resultado del desmonte de "La Luz"




No obstante, no solo centra su actividad en Puente Genil, pues en diciembre de aquel mismo año dirigía en Espiel las obras de desmonte de la mina La Luz (imagen desmonte de La Luz) y su ampliación La Llama (imagen terraplén resultado del desmonte de La Luz). 

Firmas de los fundadores de "Reina y Carvajal"
Antes, en 1878 Lemoniez se había aliado con Rafael Reina Carvajal y su madre Dolores Carvajal Villalba y constituyen la sociedad “Reina y Lemoniez” para la construcción y explotación de la fábrica de harinas San Cristóbal, la que años después, tras su fusión con La Aurora en 1904, conoceremos como La Alianza.  
En la clave de cada arco se grabaron las iniciales
de sus fundadores
Aun hoy encontramos tres arcos en su explanada, en cada uno de los cuales grabaron las iniciales de cada uno de los fundadores. Una fábrica la de San Cristóbal que incorporará todos los adelantos de la época, la magnífica turbina Fontaine y que será un ejemplo de combinación del fin utilitarista y funcional que se le exige a una fábrica, pero diseñado y construido preciosamente al modo de las estaciones de ferrocarril francesas y a pesar de sus cinco plantas de altura, con un concepto grácil y liviano. 

La Aliaza.
Foto: Antonio Velasco Carvajal











Mezcla de colores y materiales, como el ladrillo y la piedra, para lo que contará con Sierra Gorda, rosetones, pilares de fundición de diferente diseño para cada una de sus plantas. Podríamos hablar horas sobre el edifico de La Alianza, pero a modo de imagen y simbolismo, quedémonos con una idea fundamental: 
El puente visto desde La Alianza
es que Lemoniez es parte esencial en los dos edificios más emblemáticos de nuestra villa, en el puente que da origen a su nacimiento y La Alianza, cuyo embrión, la aceña vieja y el molino sobre el que se levanta, es paralelo a la fundación de Puente Genil.

Introdujo en estas tierras el Eclecticismo, la teja plana o marsellesa, hasta entonces desconocida, asesoró a Rodrigo García Luque en las obras del Teatro Circo (Rodrigo García Luque, maestro de obras).
Edificio en la estación de ferrocarril (teja plana),
derribado por ADIF









Ermita anexa a la casa de Lemoniez o de los Reina
Estaba presidida por una imagen de la Virgen de los Desamparados
(hoy se venera en la ermita del Dulce Nombre)

Casa de Lemoniez o de los Reina
Foto: Antonio Velasco Carvajal
















Otro de sus edificios más emblemáticos es la llamada Casa de Lemoniez o de los Reina al final de la calle Ancha. Levantada sobre el antiguo caño (o arroyón de desagüe de la parte baja del pueblo) en unos terrenos adquiridos al Ayuntamiento en 1881, reproduce claramente  el modelo de La Alianza, destacando sin duda la apariencia de carácter fabril que parece tener. Nunca llegó a habitarla, adquiriéndola el matrimonio formado por Manuel Reina Iglesia (sobrino del poeta) y Soledad Vergara. Años después su hija Carmen Reina Vergara, en agradecimiento por haber salvado a su padre del estallido de una bomba) edificó la ermita anexa a la casa. 

La Casualidad
Al año siguiente, en 1882, se constituye y comienza, también de la mano de Lemoniez, la construcción de La Casualidad, la primera y más antigua fábrica en Puente Genil dedicada a la extracción del aceite de orujo. De todos es conocida la anécdota de que cierto día Lemoniez se lamentaba en el Casino de que un pueblo como Puente Genil no aprovechase el orujo, como se hacía en Francia, para extraer aceite. El ilustre Manuel Reina Montilla, además de poeta, destacado industrial, oyó aquella conversación interesándose en el acto y encabezando el proyecto que acabaría dando luz a La Casualidad. Por casualidad nació, fruto de aquella conversación, y ese es el nombre con el que se bautizó la fábrica.


A pesar de haber leído en algún sitio que tras su prolífica estancia en Puente Genil se trasladó a San Sebastián, lo cierto es que entre 1900 y 1909 lo encontramos como secretario del Consejo de Administración de la Eléctrica de la Vega de Armijo en el término de Montoro, sobre el Guadalquivir. Ese mismo año de 1909 lo descubrimos en Madrid formando parte junto a su hijo Alfredo (lo que nos lleva al convencimiento de que estaba plenamente asentado y establecido en aquella ciudad) del Consejo de Administración de la Azucarera de Madrid y ambos como socios del Casino de Madrid en 1917, donde establecen y comparten domicilio en la calle Goya nº 11. Es prácticamente seguro que tras Puente Genil, Madrid fue su siguiente y última parada, pues es allí donde fallece su esposa Matilde Tinoco Ruiz el 17 de septiembre de 1907. Es indudable que su experiencia como gestor, como primer gerente de la fábrica de harinas San Cristóbal, le allanó el camino para su posterior participación en diversos consejos de administración. Leopoldo Lemoniez Renaud falleció en Madrid el jueves 1 de noviembre de 1917, hace cinco meses se cumplieron cien años, siendo enterrado en el cementerio de san Isidro.
Aún en vida del Ingeniero, el Ayuntamiento de Puente Genil –representación de un pueblo siempre agradecido– en su sesión de 29 de agosto de 1894 acuerda nominar con el nombre de Lemoniez la antigua calle radillas, rindiendo “un justo homenaje de respeto y gratitud al señor Leopoldo Lemoniez, por cuya iniciativa se realizaron importantes  mejoras en este pueblo, se fomentó la industria y de desarrolló el espíritu de asociación“.

Braulio de la Portilla Sancho
De su hijo Alfredo podemos decir poco más que era abogado, que el 31 de marzo de 1902 se casó en Madrid con Teresa de la Portilla (hija del general Leoncio de La Portilla Cobián y Patrocinio Sancho Varela) y que un hermano de su mujer, su cuñado Braulio, fue primer teniente de Infantería del Batallón de Cazadores de Llerena, muerto el 27 de julio de 1909 en la campaña de Melilla, en el Barranco del Lobo, siendo condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando, no lo olvidemos, la más preciada condecoración militar del Reino de España.

Leopoldo Lemoniez, en el centro, con su hijo Alfredo,
su nuera Teresa y uno de sus nietos
Lemoniez con sus nietos y nuera














Anotamos una última curiosidad familiar: Alfredo y Mª Teresa tuvieron al menos tres hijos, Guillermo, Fernando y Alberto, falleciendo este último con solo once años el 3 de enero de 1916. Sus padres encargaron entonces a Julio Antonio, uno de los escultores de más proyección de la época, un mausoleo en su memoria. Sería ésta la última obra del artista, que murió tuberculoso al poco de acabarla en 1919. 

Los reyes visitando, con Julio Antonio, el mausoleo
La figura de la madre es de bronce y la del hijo de mármol blanco y fue expuesta en el Palacio de Bibliotecas y Museos del parque de Recoletos, sede de la Sociedad Española de los Amigos del Arte, en Madrid, y despertó tal expectación que hasta los Reyes (hablamos de Alfonso XIII) fueron a visitarla. La obra nunca llegó a instalarse en la tumba del joven, y en 1940 la familia Lemonier la depositó en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Madrid, de donde pasó al Museo San Telmo de San Sebastián, adquiriéndola la Diputación de Tarragona. Hoy se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Tarragona.

Vista del puente
Autor: José Andrés Rivas Bachot
Bodegas Delgado, Puente Genil

He querido en esta brevísima semblanza del ingeniero francés, sobrepasar la figura de Leopoldo, arrastrar la historia un poco más allá como forma de indicar que la vida sigue, que los logros y esfuerzos tanto colectivos como individuales, no son estáticos sino que influyen tanto en los contemporáneos, como en las generaciones siguientes. Puente Genil es una realidad conformada a partir de las aportaciones de hombres y mujeres de aquí y de fuera. Los de aquí porque dejaban en casa lo mejor de sus vidas, los de fuera, porque siempre se sintieron aquí como en casa. Nuestra obligación debe ser recordarlos a todos, agradecerles sus esfuerzos, su ilusión, sus éxitos y superaciones y mostrarlos como un ejemplo de generosidad, inventiva e imaginación. 


Etiqueta vino "Lemonier", de Bodegas Delgado
Gracias a la aportación de Bodegas Delgado, hoy se salda esa deuda -al menos con uno de aquellos grandes hombres- y al mismo tiempo, creo, nos marca y señala un camino correcto y al mismo tiempo hermoso.


5 comentarios:

  1. Magnífico Javi, sigue con esta preciosa labor, algún día serás tú ese Pontanes ilustre. Gracias.

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  2. Denso, magnifico, como un arbol que deberia crecer mas detalles de Lemoniez y con mil ramas por desarrollar, los arcos, el edifico de la La Alianza, la Casualidad que aun tiene la chimenea señalando, el puente del pueblo y del ferrocarril, las vistas de Puente Genil... felicitaciones y continuar

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  3. Ribera del Genil. LEMONIER. Se toma nota.

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