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sábado, 18 de mayo de 2019

Bodega Hijos de E. Reina

Es conocida la adscripción, el gusto y la afición de Puente Genil y alrededores por el buen vino, especialmente por los finos, olorosos y amontillados. 

Vinculada a esa ancestral tradición bodeguera, han sido muchas las industrias relacionadas con ese mundo -hermoso y evocador- del vino, del aguardiente y el vinagre, las que a lo largo del tiempo han florecido en nuestra villa.


Una de las más longevas, cuyo recuerdo permanece aún en la memoria y en el gusto de quienes degustaron sus ricos vinos, es la conocida –y reconocida– bodega Hijos de Enrique Reina

Podemos establecer su fundación a finales del siglo XVIII, estando documentada la datación de sus soleras en 1796. En pleno siglo XX, doscientos años después de su establecimiento, sus más conocidas marcas comerciales fueron el Moriles fino “Las 43”, el amontillado fino “Tío Paco”, “Los Dones”… y otras a las que nos referiremos más adelante.

Ubicada en la parte baja de la Calzada, en 1933 (en los tiempos de máximo esplendor y proliferación de las bodegas) se alzó con la Medalla de Oro de la Feria de Productos Industriales de la Provincia, lo que nos da una muestra de la excelente calidad de su producto.


Antes, sin embargo, de seguir navegando por el siglo XX, volvamos la vista hacia atrás en el tiempo:
  • Fue fundada por Dionisio Rústico Reina Trexo y Cañete (1769-1848), que la estableció inicialmente en la cuesta Romero. Su padre había llegado a Puente Genil procedente de Montilla, y tuvo dos hijos con la pontanesa Catalina Juana Ruperta de Nebrija y Trexo: el menor era Dionisio (fundador de la bodega) y el mayor Cristóbal, cura beneficiario del pueblo en 1776 y párroco de la Purificación en 1779 hasta su fallecimiento el 15 de julio de 1802. Este Cristóbal (protector de fray Juan Clavellina) fue quien en una de sus cartas dirigida a duque de Medinaceli, le espetó aquello de “tiene su Excelencia en este pueblo una iglesia como un molino y un molino como una iglesia”, haciendo alusión al mal estado en el que se encontraba la Parroquia, en contraposición a la grandeza de lo que hoy conocemos como el Molino del Marqués. Dionisio (fundador de la bodega) y su esposa Juana María Morales Morales tuvieron varios hijos, Carmen (1799-1868), Francisco de Paula (1800-1867), Cristóbal (1802-1867), José María (1804-1867), Javiera, Pascuala y Manuel (el padre del insigne poeta, gloria de las letras españolas, Manuel Reina Montilla).
  • Al pasar a manos de su hijo Cristóbal Reina Morales, este trasladó las instalaciones a la calle Aguilar.
  • A su muerte, su sucesor Cristóbal Reina López, quiso darle un impulso definitivo a la bodega, levantando unas naves en la calle Elcano, actual calle Angelita Martín Flores, a donde mudó su industria. Este hito le permitió criar en más escalas los vinos de sus acreditadas viñas. Cristóbal se había casado con Emilia Morales Reina, fruto de lo cual fue una familia de cinco hijos: Antonio (1870-1911), Miguel (1875-¿?), Enrique, Ana y Pastora.
  • Alrededor de 1897 su hijo Enrique Reina Morales (casado con Amparo Salas Reina, fallecida en 1926), asumió la responsabilidad de la bodega. Tuvo también la fortuna de heredar de su suegro Francisco Solano Salas una gran cantidad de excelentes vinos viejos de Montilla, para cuya crianza levantó las conocidas bodegas en la calle Calzada nº 2 y Contralmirante Delgado Parejo nº 12 (la numeración corresponde a su época). Con las iniciales de su padre político, Francisco Solano, nominó una de sus marcas de vinos “FS”.

Con un capital social de novecientas cincuenta mil pesetas de 1940 centró su actividad en la compra-venta, fabricación, preparación y crianza de vinos y vinagres, cerrando así el círculo productivo y abarcando cualquier actividad relacionada con su sector.

Gracias a la intermediación de uno de sus representantes comerciales en Córdoba, Francisco González Madrid, se logró la autorización por parte de uno de los más grandes matadores de todos los tiempos, Califa del Toreo, Manolete, máxima figura de la época, para bautizar con su nombre uno de los excelentes vinos de la bodega. La carta que el legendario Manuel Rodríguez remite a la bodega firmada de su puño y letra, dice lo siguiente:

“Muy Sres. míos:Tengo el gusto de participarles que accediendo a los deseos de mi estimado amigo y paisano D. Francisco González Madrid, representante de ésa Casa en esta plaza, he decidido autorizar a Udes. por la presente para la creación de una marca de vino embotellado con mi modesto nombre; deseando, que al ser posible, y esto por satisfacer los deseos de un grupo de amigos, quela marca se titule “Soleta fina MANOLETE”.Desde luego, confío en la promesa que me ha sido hecha por el citado Sr. González, de que el tipo de vino a emplear será siempre el mismo y de excelente calidad.Celebraría mucho que con esta nueva marca obtuviesen un gran éxito, y con esta ocasión me agrada ofrecerme a su disposición saludándoles atentamente,Manuel RodrÍguez, Manolete”


Llama la atención la generosidad de un tiempo y de unos hombres que, sin más pretensión que la de echar una mano al prójimo en unos tiempos difíciles y complicados, eran capaces de ceder su propio nombre (prestigiosísimo nombre) en beneficio de otros, sin más recompensa que la de hacer las cosas bien. Se llamaba bonhomía.


Además de las reflejadas más arriba, otros vinos embotellados por esta bodega eran las marcas “Natillas”, “Moriles Reina”, “Moriles Bienvenida”, un vino viejo oloroso llamado “C.R.” (Cristóbal Reina) y, por supuesto, el Solera Fina “Manolete”.



Ya en 1891 Agustín Aguilar escribía en La España Vinícola:
“en cambio de la poca importancia de nuestras viñas y para compensación, tiene aquí –Puente Jenil– gran importancia la recría y mejora de los vinos. Debido a diferentes causas, entre las que es de suponer importante las condiciones especiales de la localidad, se mejoran los vinos mucho más que en los limítrofes: esto ha hecho que se establezcan grandes bodegas o almacenes en que se encuentra la mayor parte de las cosechas que produce el extenso partido de viñas de Zapateros (se refiere a Moriles), aldea de Aguilar, cuyos productos acertadísimos se exportan luego en grandes y pequeñas remesas para Jerez, Cádiz, Sevilla y mil otros puntos; distinguiéndose de entre dichas bodegas por su importancia la de los Sres. Reina, Campos, Morales, Contreras, Crespo, Chacón y Delgado”.

José María Reina Salas
Rosario Reina Moreno
Finalizaremos estas líneas con un recuerdo a José María Reina Salas, acreditadísimo propietario, quien con su esposa Rosario Reina Moreno y numerosa descendencia vivieron en la conocida casa de Los Cristalitos en la calle Don Gonzalo, en una parte de la gran casa (hoy desaparecida) en la que se levantó un edificio de viviendas plurifamiliares. Por supuesto, también a uno de sus hijos, Fernando Reina Reina, último gerente y representante de una estirpe de bodegueros, que tuvo que hacer frente a un nuevo modelo de sociedad, de hábitos de consumo, a la entrada en el mercado de nuevos productos… factores todos ellos que abocaron en 1982 al cierre de la emblemática bodega.

Se da la curiosa circunstancia de que su sobrino, Javier Álvarez de Sotomayor Reina (nieto de José María Reina Salas), asume hoy la responsabilidad de la gerencia de la última de las grandes bodegas de Puente Genil, orgullo de la villa, Bodegas Delgado.

Sean estas líneas, además de un brevísimo apunte histórico de las centenarias bodegas Hijos de Enrique Reina, un homenaje cariñoso a sincero a todos quienes con su esfuerzo y generosidad hicieron de Puente Genil, tierra de excelentes vinos y mejores bebedores.


lunes, 7 de enero de 2019

José Cabello y Cabello, poeta

El viernes 14 de diciembre de 2018, se presentaba en la Casa Hermandad de la Cofradía del Santísimo Cristo del Calvario y la Virgen del Consuelo, un poemario inédito de José Cabello y Cabello. 


Con tal motivo, quisiera compartir unos breves apuntes sobre la vida y obra de un poeta autodidacta, extraordinario sonetista, hombre de fe sincera, bueno y sencillo, que nunca tuvo más aspiración que la de dejar un legado de honestidad y compromiso, que hoy se perpetúa en sus hijos y nietos.

Eduardo Moyano, José Manuel Cabello y Javier Villafranca Muñoz
durante la presentación de "Corazón Adentro, versos de juventud 1929-1931"

Es curioso constatar cómo algunos de los más grandes hombres que ha dado Puente Genil, o que en nuestra villa desarrollaron su actividad, fueron conocidos en su tiempo y por la gente de bien, con diminutivos o nombres rebosantes de cariño. Es, quizás, una de las formas más sencillas y hermosas  que el pueblo emplea para reconocer la grandeza de esos hombres a quienes aplicándoles un diminutivo, los acerca y coloca a la altura del común de los mortales.

Es el caso de José Contreras Carmona –Pepito Contreras–, Baldomero Giménez Luque –don Baldo– y, por supuesto, y entre otros muchos, el de José Cabello y Cabello –Pepito Cabello–. 


Cabello nace en el domicilio familiar, en el número doce de la calle Godínez de Puente Genil, a las tres de la mañana del nueve de mayo de mil novecientos dos, hijo de Agustín Cabello Rivas y de Carlota Cabello Amador, abuelos paternos Bernardino y Ana, maternos Juan y Manuela, todos de Puente Genil.
Tras realizar los estudios reglados, desarrollará una honrada y eficiente labor como administrativo y contable, alternándola con otras ocupaciones, como Agente Comercial Colegiado y diseñador de maquetas y bocetos para ilustrar los envases de latón de carne de membrillo, ya que poseía una innata habilidad para el dibujo. El 19 de marzo de 1939 contrae matrimonio en Montilla con Dª Concepción Cobos Hervás, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos. Aunque profesionalmente alternó, como ya se ha escrito, algunas ocupaciones, Cabello será siempre, y por encima de todas las cosas, poeta. 
El logo comercial de La Andaluza es obra de Cabello.
Además de poeta, sobresaliente dibujante.
Desde muy joven siente una desbordante inclinación hacia la poesía, en la que se destapa como un inagotable sonetista, publicando ya en el semanario de don Baldo, El Aviso, con apenas diecinueve años y en La Ilustración Pontanense en 1925. Desde su juventud practicó el ensayo, el artículo de opinión y especialmente la obra poética, colaborando en diversas publicaciones, como en la revista malagueña Caracola, Cosmópolis, diarios ABC y Córdoba… o participando en numerosos certámenes literarios en los que obtuvo diferentes premios. Su pasión por la escritura le lleva a mediados de la década de los años veinte de la pasada centuria, a ejercer también como cronista futbolístico en el periódico cordobés La Voz. Más tarde, tras el final de la Guerra Civil, dirigirá el semanario Amanecer (imprenta de Manuel Aguilar Morales) y colaborará tanto en la revista Industria y Comercio en su edición de Semana Santa, como en el Boletín Informativo Municipal “Anzur”.

El 13 de enero de 1972 la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, presidida por el prestigioso cordobés D. Rafael Castejón, en atención a los méritos y calidades que lo distinguen, lo designa Académico Correspondiente.
Virgen del Consuelo (Javier Aguilar Cejas)
A Pepito Cabello, a su generosidad, compromiso con la Iglesia y respeto al recordado sacerdote don Antonio Liébana Santiago, se debe el que la imagen de la Virgen del Consuelo procesione hoy en nuestra Semana Santa. La mariana imagen se custodiaba desde siempre, en palabras de su hijo José Manuel, en la casa del poeta, siendo objeto de cesión a la Iglesia por mano del inolvidable don Antonio, párroco de Nuestra Señora de la Purificación, quien la incorporó a la Cofradía del Cristo del Calvario, de la que hoy es cotitular y de la que Cabello fue su Hermano Mayor Honorario. Ofició magistralmente de Pregonero de la Semana Santa de Puente Genil en 1972 y alcanzó uno de los más grandes honores con los que un pontano puede soñar, como es ser Hermano Mayor de Jesús Nazareno, El Terrible, de quien era fiel devoto y letrista de su himno, como también lo fue del de la Patrona de Puente Genil, la Inmaculada Purísima Concepción. 

HIMNO A LA PURÍSIMA

Consagrados a Ti en solemnes votos
Te aclaman nuestras voces reverentes,
y a tus pies, suplicantes y devotos,
ponemos nuestras frentes,
Tu Inmaculada y Pura Concepción
celebra el mundo entero,
pero en amarte con veneración
Puente Genil se ufana en ser primero.

¡Salve, Madre de Dios,
Reina del Cielo!
Azucena de luz resplandeciente,
recibimos de Vos dicha y consuelo
y el aguacero de tu amor ferviente.


El Aviso, 23 agosto 1919
Perteneció a Los Amigos del Arte, movimiento cultural y literario organizador de numerosos actos de tipo benéfico, y que lo mismo editaban unos deliciosos cuadernillos bajo el nombre de Ideales (1920), que participaban en el riquísimo y melódico carnaval de Puente Genil dando lugar a castizas coplas y tan del gusto de nuestro pueblo, que sus risas y fragancias, frescas y lozanas, llegan hasta nuestros días perpetuando amores y sentires (“Con las notas de una habanera”, “Una tertulia notable”…). Junto a Cabello, formaron parte de Los Amigos del Arte, Agustín Rodríguez, Pepe Arcos, Juan Rejano y otros, que solían reunirse en la casa de Agustín Rodríguez, en lo que llamaban “El Rabiahero”. Íntimo amigo de todos ellos, también de Manuel Mendoza Carreño, de Manuel Pérez Carrascosa, cuya muerte le dolió en lo más profundo del alma, de Juan Soca, el poeta de Cabra, de José Luis Estrada…
Siempre vinculado a la cultura, en 1948 realizó importantes gestiones para Ricardo Molina Tenor, en la búsqueda de una imprenta que pudiera hacerse cargo de la edición de la revista Cántico (fundada en Córdoba por Ricardo Molina, Mario López, Juan Bernier, Julio Aumente y Pablo García Baena), primero en Puente Genil en la imprenta de Manuel Aguilar Morales, después en Montilla, en la de Manuel Cobos Serrano, cuñado de Cabello. Finalmente la revista, tras los dos primeros números impresos en la Imprenta Provincial de Córdoba a finales de 1947, continuó saliendo desde la imprenta La Ibérica, de Córdoba, hasta su desaparición en 1957.
En 1976, con motivo del inmediato y anunciado regreso de su exilio mejicano, organizó el ansiado homenaje a Juan Rejano, a quien quería y admiraba a pesar de la distancia, en forma de monográfico para el Anzur. Sin embargo, la muerte en Méjico del poeta dejó el proyecto en un mero sueño. Mas como fuera que Cabello había compuesto una elegía a Rejano para insertar en aquel Anzur de reconocimiento, se la envió al director de la Revista Mexicana de Cultura, suplemento cultural de El Nacional, de Méjico, de que Rejano había sido su directos algunos años. Aquel suplemento cultural mejicano, a diferencia de lo que ocurrió en nuestra villa, sí le consagró un monográfico (aunque eran solo ocho páginas, lo fueron de un tamaño descomunal, 58 cms. de altura y 40 cms. de ancho) con diversas colaboraciones, entre ellas de Francisco Ayala, figurando como broche en último lugar el poema de Cabello “Elegía a Juan Rejano (Muerto en el umbral del retorno)”.

Publicó en 1931 Siluetas de Mujeres Pontanenses (imprenta de Manuel Aguilar Morales), con prólogo en verso de Rodolfo Gil y epílogo –también en verso– de Agustín Rodríguez, donde rinde tributo de belleza y admiración a ciento veinte pontanensas de su tiempo y que concluye con un simpatiquísimo 
A la que no esté, perdón
la pide este siluetero;
si se quedó en el tintero,
fue un olvido, no intención”.
Más tarde en 1976, de la mano de la Cofradía de Jesús Nazareno, publicó sus Loas al Nazareno, una recopilación de plegarias y sonetos dirigidos al Patrón de Puente Genil y encabezados por su himno, musicado por el Rvdo. Padre Alejandro Rojas Tobes. También Pepe Arcos (Misericordia, Señor y Perdón, mi Dios) o Germán Sanchís Morales (Plegaria a Nuestro Padre Jesús Nazareno) pusieron música a las composiciones de Cabello. En 1977, formando parte de ese ingente (ojalá que repetible) cuerpo literario-cultural que fue la Colección Anzur, y constituyendo su volumen III, publica Cancionero del Genil, toda una declaración de amor a su pueblo, y en 1999, gracias al Ayuntamiento de la villa sale a la luz su obra póstuma Dios (poemas sobre la Divina Presencia), que el autor acabó de escribir sobre 1980 y sobre la que siempre opinó, según confiesa su hijo José Manuel Cabello Cobos, que era sin duda su mejor obra.


HIMNO A JESÚS NAZARENO

Jesús Nazareno, Padre justo y bueno,
que estás en la cumbre de Puente Genil
como un centinela, vigilando atento
que del mal el viento no le haga sufrir.
¡Guarda las ovejas de este tu redil! 

Como hormigas, van y vienen
los pontanos a tu ermita,
que tanta fe en tu amor tienen
que a tus pies ponen sus cuitas.

¡Imán es tu mirada, que nos atrae!
Nuestra alma, desgarrada, a tus pies cae,
que al ver la gran tristeza
 de tu semblante,
por el dolor tremendo
de tu martirio,
Puente Genil entero
gime tremante
de cruel delirio. 

¡Y cuando en el arco estás
dispuesto a bajar al pueblo,
qué inmenso gozo, 
qué inmenso gozo nos das! 


El Día de la Cruz de 1999, el Cofrade Mayor de la Pontificia y Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Luis Fernando Gómez de Cisneros, solicita al Iltre. Ayuntamiento la rotulación de un espacio público en reconocimiento a José Cabello y Cabello. Puente Genil le reconoció su valía de hombre de bien, de poeta y colaborador incansable con la lírica, la cultura y la Semana Santa pontanesa, rotulando un paseo con su nombre en la zona de expansión de la villa alrededor del I.E.S. Andrés Bojollo.
Falleció en Puente Genil el 9 de agosto de 1989, estando -ya desde entonces- pendiente de estudio y publicación una parte importante de su obra poética. Al ver la luz el último de sus poemarios "Corazón Adentro), quedan aún inéditos Luz en el camino (romances); Junco florido (poemas); Cien sonetos sacros y profanos; Paisajes del hombre (poesía); Paradigma del hombre (poesía) y Frente al mar (poemas marineros).  

Puente Genil es –y ha sido desde tiempo inmemorial– un foco de cultura y entendimiento. Con la mencionada publicación de Corazón Adentro hemos ampliado el acervo cultural de la villa que, obviamente, no debe quedarse estancado, sino incrementarse con nuevas aportaciones, al tiempo que rescatamos del olvido el legado literario de quienes nos precedieron; una labor que es, que deber ser, de todos. Pues bien, vamos a ello.