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domingo, 26 de julio de 2015

Antonio Juan Parejo y Cañero y Susana Benítez

Navegar por la Historia es algo absolutamente apasionante, por cuanto en cualquiera de sus capítulos, como éste relativo a la vida de Parejo y Cañero, convergen vidas y muertes, bodas secretas de reyes y fusilamientos de héroes, el mundo de la empresa y los intereses comerciales... enlazando un pequeño pueblo de Cuba, con la educación de los niños pobres de Madrid, o la atención a los ancianos y enfermos desamparados de Puente Genil.


Antonio Juan Parejo y Cañero. Hogar Santa Susana.

Su nombre completo era Antonio Juan Parejo y Cañero Martínez de Aparicio y Guerrero, natural de Puente Genil, nacido el 2 de marzo de 1807, hijo de Francisco de Paula Parejo y Martínez Aparicio, caballero maestrante de la Real Orden, y de María del Carmen Cañero y Guerrero Hidalgo.

Vicente González Moreno
(Viriato)
Demostró poca afición al estudio por lo que, al quedar huérfano (sus padres murieron, ambos, en 1820) y al cuidado de su hermano Manuel, marcha a Madrid donde intentará entrar en el cuerpo de élite del Ejército español, que eran entones los Guardias de Corps. Sin embargo y a pesar de sus reiterados intentos no logró el pretendido ingreso. Su pensamiento y posicionamiento político se enmarca dentro de las ideas liberales, absolutamente contrapuestas y enfrentadas al ejercicio del poder absoluto que entonces representaba (y ejercía) el rey Fernando VII. Por este motivo, en la defensa de una monarquía constitucional, acompañó al general Torrijos en lo que pretendía ser un pronunciamiento que desencadenaría el alzamiento liberal en toda España. Aquel movimiento partiría desde Gibraltar, a donde Torrijos se había trasladado desde su exilio en Londres, permaneciendo todo un año preparándolo. Sin embargo, fue víctima de un engaño, de un perfecto plan urdido por las fuerzas leales al régimen absolutista de Fernando VII que, simulando unos apoyos inexistentes a aquel pronunciamiento, lo empujaron a salir de Gibraltar y a desembarcar en las costas malagueñas. Vicente González Moreno, gobernador de aquella ciudad, actuando bajo el seudónimo de Viriato, había iniciado meses antes una intensa correspondencia con Torrijos, haciéndose pasar por un liberal que aseguraba contar con numerosos apoyos en la costa malagueña. Así, el 30 de noviembre de 1831 dos barcos cargados con sesenta hombres salieron desde el puerto de Gibraltar directos a una muerte segura.  La suerte, sin embargo, fue propicia a Antonio Juan, que debía haber acompañado a Torrijos en aquella última travesía, pero fue instado contra su voluntad a permanecer en la colonia británica. A las once y media de la mañana del domingo 11 de diciembre de 1831 Torrijos junto a los cuarenta y ocho leales que seguían con vida, fueron fusilados en dos grupos en las playas de San Andrés de Málaga.


Fusilamiento de Torrijos en la playa de San Andrés - Antonio Gisbert Pérez 1888

Agustín Fernando Muñoz y Sánchez,
Duque de Riánsares
Tras la muerte de Fernando VII, el rey Felón, acaecida en 1833, el partido liberal comenzaría a tener participación en la vida pública y Parejo retomó su antiguo anhelo de ingresar en los Guardias de Corps, donde alcanza -ahora sí- el rango de Coronel del Ejército de Caballería y Mayordomo de Semana (tenían la función de acompañar al rey en todo momento).
Aquello resultó trascendental para la vida de nuestro paisano y nuestro pueblo, pues allí trabó íntima amistad con Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, quien se casaría en secreto (aunque con conocimiento del gobierno y algunos miembros de la corte) con la reina María Cristina de Borbón - Dos Sicilias  el 28 de diciembre de 1833, cuando aún no llevaba ni tres meses viuda de Fernando VII. Agustín Fernando Muñoz, se convirtió así no sólo en Duque de Riánsares, sino en padrastro de la reina Isabel II (María Cristina fue reina regente durante una parte de la minoría de edad de Isabel, entre 1833 y 1840). De ahí que la influencia de Antonio Juan en la corte española durante aquellos años fuese desde luego muy considerable.

Susana Benítez
Parejo y Cañero, sin embargo, imaginamos que a finales de aquella misma década de los años treinta del siglo XIX, o comienzos de la década siguiente, se trasladó hasta La Habana, en Cuba, dejando atrás su anterior vida política y militar y comenzando entonces una nueva etapa centrada en los negocios y las oportunidades. Su inteligencia, su capacidad para emprender -que diríamos hoy- y su carácter despierto le lleva a prosperar en La Habana en poco tiempo. Allí conoce y se casa en febrero de 1848 en la Catedral de La Habana, con una señora de la alta sociedad cubana, Susana Benítez de Lugo y Pérez de Abreu (nacida en Bejucal, el 7 de junio de 1811), de carácter fuerte y generoso. Susana Benítez se casaba en segundas nupcias, pues anteriormente había contraído matrimonio con un primo hermano de su padre llamado Antonio González Larrinaga, Coronel del Ejército. A consecuencia del fallecimiento de su primer marido, Susana Benítez fue acusada por su cuñado Jacinto González Larrinaga de asesinar a su cónyuge, motivo por el cual fue exhumado el cuerpo del difunto, rechazando no obstante y de plano las autoridades médicas cualquier indicio de crimen, confirmando su fallecimiento a causa de una enfermedad de próstata.  Antonio Juan, además de comenzar y culminar multitud de proyectos económicos y empresariales, administra la fortuna de su esposa, valorado en cientos de millones. Además de ello, ocupó la responsabilidad de Administrador de Rentas Terrestres en La Habana, con un sueldo de cuatro mil pesos anuales.

Paseo de Roncali en La Habana,
cerca de los Almacenes San José
Grabado de Mialhe
En 1845 se le adjudica, junto a Manuel Pastor, la construcción de la obra de apertura de una puerta en la muralla de San José de La Habana, una dársena para el atraque de los buques y un cuerpo de guardia para la vigilancia de la muralla San José, frente a la calle Damas. Pocos años después, junto al mismo Manuel Pastor, con quien hizo indudable y fecunda sociedad, se le autoriza la construcción de unos almacenes para depósitos de frutos en el ángulo sur del recinto oeste de La Habana: los Almacenes de San José (en la actualidad Centro Cultural Almacenes de San José), llamados así la muralla donde fueron construidos.

Almacenes San José, vista antigua
En 1848 Parejo y Cañero consigue del Ministerio de la Gobernación del Reino la concesión del abanderamiento libre de derechos de los vapores “Cetro” y “Tridente”. En su virtud, y “en atención a que la paralización actual de los negocios hace imposible un empleo de los dichos buques sin pérdida considerable” Antonio Juan había solicitado, y obtenido, la exención en los derechos (impuestos) establecidos para la navegación. A cambio, se comprometía a distribuir la correspondencia oficial por los puertos de la isla por donde los vapores navegaren, a transportar a cualquier oficial que por las autoridades superiores se mandase en comisión y, finalmente, a “desplazar los buques hasta el puerto de La Habana, desde donde se hallaren, cuando la necesidad de un transporte de tropas dispuesto por el gobierno u otro motivo importante exigiese tan útil medida”.

En la imagen que se reproduce puede leerse: 
"El gobernador Capitán General de la isla de Cuba, en carta número 163 del 18 de Octubre de 1848, remite copia del acta de la junta de autoridades superiores, celebrada en 2 del mes de la fecha, en la cual mediante las condiciones propuestas por D. Antonio Juan Parejo, se acordó autorizar provisionalmente hasta la resolución del gobierno supremo el abanderamiento libre de derechos de los vapores "Cetro" y "Tridente", pertenecientes...".

Primera hoja del expediente de concesión a Juan Parejo de libre abanderamiento de vapores
Código de referencia ES.28079.AHN/2.3.1.16.1.1.3//ULTRAMAR,25,Exp.13
Autor responsable: María José Arranz Recio


El periódico El Popular de 19 de junio de 1851, da cuenta de una noticia aparecida en El Diario de La Marina del día 11 del mismo mes, en el que se pone de manifiesto el carácter emprendedor e innovador de Parejo y Cañero. En aquel tiempo, anuncia el diario, Antonio Juan acaba de terminar el desarrollo de un invento a partir del cual podrían elaborarse la impresionante cifra de treinta mil cajas de azúcar al año, con lo cual, “el ingenio del señor Parejo será indudablemente el más importante de toda la isla”. Para su desarrollo la junta general de accionistas del ferrocarril de La Habana había autorizado la construcción de un ramal desde un punto determinado de la línea hasta la bahía de La Habana. Aquel mismo año de 1851 se le concedió el título de Caballero de la Orden de Calatrava.

Panteón familiar de Susana Benítez,
en el cementerio de San Fernando,
Sevilla
Durante su estancia en Cuba representó los intereses de la colonia española, en particular los de la reina regente María Cristina de Borbón y fue director de la Compañía Española de Gas. Murió en La Habana el 11 de enero de 1856 a la edad de 48 años. Su hijo Manuel Parejo Benítez de Lugo, moriría también en aquella ciudad, en su propia casa, en 1866. En recuerdo a su hijo, su madre destinó la casa en la que vivían a colegio para niños pobres con el nombre de “Santo Ángel”. El desconsuelo por la muerte del hijo y el enrarecimiento del ambiente político y económico en la isla caribeña, haría que tres años después, y a pesar de que Susana Benítez, había nacido y se había criado en Cuba, y a pesar de que sus orígenes y raíces estaban en la colonia, decide salir de la isla en unión de varios miembros de su familia, y partir hacia la península, haciendo el camino inverso al que un día hiciera su marido. Así, en 1869 el Ministerio de Gobernación de España traslada al de Ultramar la Orden dirigida al Capitán General de Cuba para exhumar y trasladar a Sevilla desde La Habana, los cadáveres del esposo e hijo de Susana Benítez. Sus restos descansan hoy en el panteón familiar que su viuda mandó erigir en cementerio de San Fernando, de Sevilla.

Susana Benítez moriría en Madrid el 30 de abril de 1885 con 73 años. Como homenaje y recuerdo a la viuda de Parejo y Cañero, a Susana Benítez, y como testimonio de su generosidad, a la que más arriba hemos hecho referencia, consignaremos algunas de las disposiciones otorgadas en su testamento de 24 de noviembre de 1882 otorgado ante el notario José García Lastra, bajo el que falleció. En el párrafo sexto de aquella su última voluntad dejó trescientos mil pesos para la construcción en Madrid de un colegio para niños y niñas pobres a cargo de la Asociación de Señoras Católicas de Madrid, de los cuales cien mil pesos se destinarían a la construcción del inmueble y doscientos mil pesos a constituir una renta para los gastos del colegio. Vemos que Susana Benítez, no
Colegio Santa Susana, en Madrid
sólo poseía una fortuna descomunal (estimada a su fallecimiento en sesenta millones), sino una inteligencia preclara. Actualmente, ese colegio situado en el barrio de Las Ventas, lleva el nombre de Santa Susana y ha cumplido ciento veinticinco años al servicio de la educación de los niños. También dispuso en su testamento de cinco mil pesos fuertes para la reparación y mejora de la iglesia de Bejucal; treinta mil pesos para un Hospital de enfermos pobres a cargo de las Hermanitas de la Caridad; continuó testamento a favor del Colegio Pío del Santo Ángel en La Habana (el que ella mismo inauguró en recuerdo a su hijo), en la calle Teniente del Rey núm. 16; cien mil pesos para un Hospital de enfermos en La Habana, a cargo de las Hermanitas de los Pobres y, en su defecto, de las Hermanitas de la Caridad; la cantidad de diez mil pesos para distribuirlos en misas y limosnas en a ciudad habanera a partir del día siguiente en que se tuviera noticia de su fallecimiento; diez mil pesos para que, impuestos, se destinasen sus rentas a sostener decorosamente el panteón familiar levantado en el cementerio de San Fernando, en Sevilla, donde ya reposaban los restos de su marido, de su hijo Manuel María Parejo Benítez de Lugo, de su madre Rosario Pérez y de su hermano José María Benítez. A la iglesia de la Merced de La Habana legó las dos casitas de su propiedad contiguas a dicha iglesia, para atender con lo que rentasen a la fiesta de la Virgen de los Dolores; legó sus fincas de Puente Genil a las hermanas de su marido; e instituyó únicos y universales herederos a sus cuatros sobrinos carnales, hijos de su hermano Antonio Benítez y Pérez.

Estación de ferrocarril de Bejucal,
la más antigua de Cuba y latinoamérica
Mención aparte, por cuanto nos concierne a los pontanenses, es su legado testamentario para la construcción en Puente Genil de un Hospital para ancianos y enfermos. Juan González Solano defiende que una vez instalada en la península, Susana Benítez se acercó a Puente Genil para conocer el pueblo natal de su marido y a su familia política. No pudo conocer entonces a su cuñada, la hermana de Antonio Juan, María Encarnación Parejo y Cañero, condesa de Casa Padilla porque murió un año antes de su viaje a la Metrópoli (noviembre de 1868), mientras que el Conde lo haría poco después, en enero de 1869. Imaginamos que sí conocería a quien fue segundo Conde de Casa Padilla, su sobrino Francisco de Paula Padilla y Parejo. El caso es que, con total seguridad, como homenaje y en recuerdo a su marido, dejó previstos en su testamento la suma de treinta mil pesos para la construcción del Hospital para ancianos y enfermos, que debía estar a cargo de las Hermanitas de los pobres (lo que no ocurrió, porque esta orden no puede aceptar rentas perpetuas). Como dispuso en relación con el colegio para niños pobres en Madrid, de igual manera consignó en su testamento, que de los treinta mil pesos previstos para el hospital asilo de Puente Genil, diez mil habrían de dedicarse a su construcción y veinte mil al sostenimiento del centro asistencial.

Teresa de Jesús Jornet e Ibars, Santa Teresa de Jesús Jornet (canonizada por Pablo VI el 27 de enero de 1974), llegó a Puente Genil en 1889 para la fundación del Hospital Asilo de Ancianos y Enfermos a cargo de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Puente Genil, pueblo agradecido, nominó la más ancha, la más hermosa y modernas de su avenidas con el nombre de Susana Benítez. Anteriormente la calle Susana Benítez se había llamado de Morales, en recuerdo del doctor Manuel Morales, quien se había distinguido por prestar gratuitamente sus servicios a los más necesitados. Precisamente conscientes del inmenso bien que tanto a la generación contemporánea a la benefactora cubana, como a las siguientes que en el tiempo sucedieran, habría de hacer aquel legado de treinta mil pesos, los concejales José Contreras Carmona (cuya biografía puede consultarse en este mismo blog), José Esteban Delgado Bruzón, Agustín del Pino Gil y Aureliano Borrego y Prada, presentaron una moción al Ilustre Ayuntamiento de Puente Genil en sesión de 29 de agosto de 1894 solicitando el cambio de nombre por el de Susana Benítez.
Antiguo Asilo e Iglesia en Puente Genil en calle Susana Benítez

Residencia de Mayores e Iglesia actuales y vista parcial de la calle Susana Benítez

Como guiño a la historia y a aquel matrimonio, como recuerdo y consideración a Antonio Juan, nuestro paisano, Puente Genil le dedicó también una calle de relevancia, precisamente la que une la Cuesta del Molino con la calle Susana Benítez. Nos gusta pensar que de esta forma, enlazando la calle Parejo y Cañero con la de Susana Benítez, Puente Genil ha conseguido lo que el tiempo y la propia naturaleza humana impidieron: unir por siempre, agarrados de la mano, a Antonio Juan con su amada Susana.




Fuentes consultadas:
  • Apuntes Históricos de la Villa de Puente Genil, Sevilla, imprenta de Gironés y Orduña, calle Lagar 3, año 1874. Autores Agustín Pérez de Siles y Antonio Aguilar y Cano.
  • El Libro de Puente Jenil, Puente Genil, imprenta Estrada Muñoz 1894, autor Antonio Aguilar y Cano.
  • Geneanet
  • Revista El Pontón, órgano de difusión de la Asociación Amigos de Puente Genil
    • número 34 (junio 1989), Portada, autor Francisco Luque Estrada, Cronista Oficial de la Villa.
    • número 203 (noviembre 2004): Parejo y Cañero, de Puente Genil a La Habana, autor Juan González Solano 211.
    • número 204 (diciembre 2004): Susana Benítez, autor Juan González Solano 211
    • número 211 (julio / agosto 2005): Calle Parejo y Cañero, autor Antonio Illanes Velasco, Cronista Oficial de la Villa.
  • Diario de Madrid 13-04-1845
  •  La Unión, diario católico monárquico, de 01-06-1887
  • Legislación Ultramarina concordada y anotada por Joaquín Rodríguez de San Pedro, Tomo IX, 1867.
  • Archivo Histórico Nacional: Portal de Archivos Españoles, del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
  • Opus Habana núm. 48, revista del Historiador de la Ciudad, “La calle Obispo”, autor Arturo A. Pedroso Alés.
  •  Del pasado al presente en la casa Teniente Rey 60, en la Plaza Vieja, publicado en la revista Cuba arqueológica, publicación del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, autora Rebecca Ortiz Linsuaín.
  • Habana Radio. Calle Desamparados 10-10-2014, autora Yamira Rodríguez Marcano.
  • Habana Radio. Antiguos almacenes de depósito San José 07-03-2014, autora Zenaida Iglesias Sánchez.
  • La huella de las mujeres en Puente Genil, Ayuntamiento de Puente Genil, 2004.
  • Caballeros de la Orden de Calatrava que efectuaron su ingreso durante el siglo XIX, autor Vicente de Cadenas y Vicent, 1976.

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