No son muchos los datos que tenemos sobre la ermita de Santa Catalina, por lo que, a la espera de que nuevas y honestas investigaciones arrojen algo de luz sobre la misma, solo podemos decir que era –sin duda– una de las más antiguas de cuantas existieron en la villa.
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Antigua campana de la ermita
de Sta. Catalina, hoy en El Palomar
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Fue
aquella una construcción sencilla, de pequeñas proporciones, conformada por una
sola nave rectangular y una capilla mayor cuadrada separadas entre ellas por un
arco de medio punto; un modelo –posiblemente–similar a la ermita del Dulce
Nombre, de tipo mudéjar, muy del gusto del siglo XVI. La nave pudo ser embovedada hacia la segunda mitad del siglo XIX, gracias al legado de un fraile
exclaustrado del Convento de San Francisco de Asís, llamado Lorenzo Arjona, que
lo así lo dejó recogido en su testamento otorgado en 1851.
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Imagen tomada desde la calle Madre de Dios; al fondo ermita de Santa Catalina |
El templo tenía unas dimensiones
aproximadas de seis metros de ancho por quince de fondo y estaba rematado por
un presbiterio coronado por una cúpula esférica, bajo el que se ubicaba el
altar. Poseía un retablo en madera, tosco y de regular factura, en el que se
abrían tres nichos que albergaban, en el centro, a Nuestra Señora de la Aurora,
titular de la Cofradía del mismo nombre; el de la derecha, a Santa Catalina,
escultura regular en madera, del siglo XVI; y a la izquierda, el Señor del Huerto,
el mismo que hoy seguimos venerando en el santuario de la Purísima Concepción
de Puente Genil. La Virgen de la Aurora sostenía entre sus manos un Niño Jesús,
del que fue desposeído por una feligresa para evitar su venta a un anticuario,
pero que con el tiempo acabó también perdiéndose.
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Virgen de los Reyes |
Sobre el altar estaba
colocada la imagen realizada en mármol sacaroideo policromado de la Virgen de
los Reyes, probablemente procedente del Hospital del mismo nombre, que se
levantaba a la entrada de la villa, junto al puente, y cuya fundación se hace coincidir
con el origen de la Puente de Don Gonzalo. En algún momento, esa imagen de la
Virgen de los Reyes debió trasladarse a la fachada, a una hornacina bajo la
espadaña, donde la descubrimos en imágenes de la época. Rafael Ramírez de
Arellano en su Inventario Monumental y Artístico
de la Provincia de Córdoba, nos la describe en 1904, afirmando que es de
finales del siglo XV, aunque no de lo mejor del período, y ya entonces le
faltaba la mano izquierda. Tenía una corona de flores de lis y el Niño llevaba el
mundo en una mano. Desgraciadamente no tenemos la imagen de la escultura tal y
como se presentaba a comienzos del siglo XX, pues aunque Ramírez de Arellano
previó insertar su fotografía en la lámina 646 de su Inventario, al entregar su trabajo consignó que los retratos que
había previsto que formasen parte del mismo, irían por cuenta de la editorial
que lo publicase, por lo que quedó sin terminar.
Pero si esa es la mala
noticia, la buena es que la imagen, tras ser derruida la ermita, pasó a la casa
de las RR. MM. Filipenses en la calle Aguilar, de ahí a su casa hogar en la
calle Cortes Españolas y hoy, por cesión del obispo Infantes Florido, se
conserva en un patio de la casa sacerdotal, junto al seminario de Córdoba. No
sería descabellado solicitar al Obispado de Córdoba, el regreso de una de las
imágenes marianas más antiguas –si no la que más– con las que cuenta Puente
Genil.
Continuando
con la descripción de la ermita, en el lado de la Epístola se ubicaba el altar de
San Judas y San Andrés, presidido por un lienzo de gran tamaño en el que Jesucristo
aparecía entre los dos apóstoles. La factura de San Judas y San Andrés eran de
cierto mérito, aunque la de Cristo desdecía bastante en cuanto a su calidad. En
el lado del Evangelio se construyó un estrecho altar-camarín consagrado a la
Virgen de la Piedad, imagen procedente de la ermita del mismo nombre y que devino
en ruina tras la riada de 1816. En el lado del Evangelio, aparecía el altar de
la Virgen del Carmen, presidido por un lienzo proveniente de la ermita de la
Piedad, que fue vendido alrededor de 1890 por un importe de seis mil reales –según
testimonios familiares– y que aún se conserva en Puente Genil en un domicilio
particular.
A
finales del siglo XIX, posiblemente en la década de 1880, se instaló una fuente
y un pilón de piedra en el llano al que se abría la ermita; y que se mantuvo
hasta su demolición, si bien en algún momento se retiró el pilón de piedra,
quedando únicamente el caño de la fuente manando de un poste o pilar.
Tanto
por la sencillez y humildad de sus materiales, como por la propia antigüedad de
la ermita y el hecho de carecer de un culto constante, aún a pesar del mimo y
el cariño del santero Misas y su
familia, el templo requería de continuas reformas para su mantenimiento.
Para
esas labores de mejora y mantenimiento, se aprovechaban los acontecimientos de
los que la ermita era testigo, como lo fue la boda de Juan del Pino García
Hidalgo con Josefa Baena Castellanos (entre 1910-1920) o, años atrás, en 1905,
la de José Cejas Ronzi, presidente de La
Langosta, con Carmela Bergillos Baena. Gracias a las limosnas y ayudas de
los vecinos pudo ser reedificada por el santero Juan Carmona Matas alrededor de
1926 o 1928.
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Virgen de la Piedad |
La
Virgen de la Piedad contaba con devociones muy arraigadas en Puente Genil, ofreciéndose
todos los años a comienzos del siglo XX una noventa a la Virgen, costeada por
las hermanas Reina Carvajal. La Cofradía de la Virgen de la Aurora también tuvo
bastante predicamento, entonándose todos los domingos de mayo y octubre los típicos
cantos del Rosario de la Aurora.
Al
acabar la Guerra Civil y hasta la partida del párroco Don Arturo Puentes Peña a
otra localidad, los bienes muebles que el templo custodiaba fueron vendidos al
sector anticuario, a excepción de un San José de finales del siglo XIX con fama
de milagroso, hoy en la ermita de la Concepción.
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San José, santuario de
Ntra. Sra. de la Concepción
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Otra de las imágenes que se salvaron de ser vendidas y que hoy podemos disfrutar en la ermita de la Veracruz, gracias a la diligencia y generosidad de don Bernabé Luque, es la Virgen de la Piedad, obviamente procedente de su ermita en los llanos del Señor del Río, en el entorno de La Casualidad.
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Estado de la ermita comienzos años 70, finales 60 |
A
pesar de existir el ofrecimiento por parte de algunas familias de Puente Genil
para costear la reforma de la ermita, lo cierto es que, ya sea por parte del
Obispado, o del clero local, no hubo interés en mantener en pie el edificio. La
ermita fue derribada mediada a finales de la década de 1970, y a pesar del anhelo y el movimiento
vecinal que clamó por que se levantara de nuevo la ermita, los muros se
transformaron en aire… y aire siguen siendo. A comienzos de la década de 1980,
el Obispado traspasó la propiedad del solar resultante a la Cofradía de la
Purísima Concepción, que lo permutó con el Ayuntamiento a cambio de obras de
reforma en la sacristía del santuario de la Patrona.
A
pesar de los pocos años transcurridos desde la demolición de la ermita de Santa
Catalina, lo cierto es que su memoria se ha ido diluyendo en el tiempo y hoy
apenas son un puñado de pontanenses quienes –al menos en sus recuerdos–
mantienen en pie la fábrica sencilla y humilde de aquella ermita. Sean estas
líneas remembranza de lo que fue y, por qué no, grito desesperado de lo que
nunca debió haber sido.