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domingo, 21 de junio de 2015

Teodoro Gálvez Cañero, militar

Son muchos los hombres de Puente Genil que a lo largo del tiempo han formado parte del Ejército español, conformando un amplio elenco de héroes quienes, incluso dentro su patria chica, fueron relegados al olvido. Uno de ellos es sin duda Teodoro Gálvez Cañero.
Si bien sabemos de él gracias fundamentalmente a las notas contenidas en los Apuntes históricos…, lo cierto es que los insignes Pérez de Siles y Aguilar y Cano omiten una información esencial para considerar a Gálvez Cañero lo que realmente es: si no un héroe, sí al menos un militar cuya participación se muestra fundamental en cierto momento del devenir histórico de nuestro país.

José Teodoro Gálvez Cañero y Fernández Gallegos nace en Puente Genil el 1 de abril de 1774 según los Apuntes históricos…, ó 1775 según su hoja de servicios, de Santiago Gálvez Cañero y Francisca Brígida Fernández Gallegos y Medina, proveniente de familias nobles, antiguas y bien heredadas. Estudió en Córdoba latinidad y filosofía, ingresando joven en la carrera militar, de forma que lo encontramos a la edad de veinte años como subteniente en el Regimiento Granaderos del Estado desde el 1 de enero 1795, ascendiendo a teniente el 12 de noviembre de 1799.
Levantamiento del Dos de Mayo
En 1808 cuando el levantamiento del Dos del Mayo, se encontraba en Madrid, partiendo inmediatamente a Zaragoza para luchar por la independencia española, encargándose allí de la organización e instrucción de las compañías de Escopeteros del Portillo, unidad cuyo mando será entregado a mosén Santiago Sas. El 31 de mayo es ascendido a capitán y destinado a los Tercios de Calatayud con la orden de cortar las comunicaciones entre Madrid y las tropas francesas. Tres semanas más tarde, el 22 de junio el general Palafox y el Barón Warsage son atacados por el coronel Klopistki, enviado por Lefebvre, en un inútil intento de evitar el corte de sus comunicaciones. En ese combate, que duró desde las 19.30 horas del 22 de junio hasta las 08.30 horas del día 23 y que acabó con la dispersión de las tropas españolas todavía no acostumbradas al combate en campo abierto, Gálvez Cañero se distinguió tanto por su coraje y bravura en la lucha, como por su capacidad para organizar una retirada ordenada, lográndolo con un considerable núcleo de fuerza y poniendo a salvo las cuatro piezas de artillería de su columna. A los mandos de nuestro paisano, se dirigieron a los desfiladeros del puerto del Frasno, a donde no pudo seguirlo el enemigo. Por esa acción fue ascendido a teniente coronel con antigüedad del 22 de junio.

El general Palafox, conociendo las excelentes dotes y valentía de nuestro paisano, pidió que se le uniera en su entrada en Zaragoza el 1 de julio, honrándolo entonces con el nombramiento de su secretario particular. Debemos tener en cuenta en lo sucesivo que tal nombramiento implicaba la absoluta colaboración y total implicación en los decretos, bandos y proclamas del general Palafox, considerado el gran caudillo de Zaragoza. Organizó el Regimiento de Infantería del Infante D. Carlos, del que fue nombrado coronel el 1 de septiembre de 1808.
Retrato del general José Palafox pintado por Goya
Tras el segundo sitio de Zaragoza y encontrándose el general Palafox enfermo, sin habla y casi moribundo, se presentó un oficial francés ofreciendo una capitulación honrosa á la ciudad cuya gloriosísima defensa nunca conocida en los fastos de la historia, la hacía digna de la mejor suerte. Gálvez Cañero, autorizado por el enfermo para dar y redactar sus órdenes, redactó una contestación digna y valiente, acorde con el espíritu que formaba parte de su ser y, conociendo el pensamiento de su superior, escribió que se avergonzaría teniendo á sus órdenes un ejército y un pueblo demasiado acostumbrados á triunfar de las águilas francesas, de oír la palabra capitulación con sus enemigos irreconciliables, y que antes preferiría sepultarse bajo las gloriosas ruinas de aquella invencible capital. Redactada por Gálvez Cañero tal respuesta, se buscó el sello de Palafox y,  no encontrándolo,  se le entregó a la firma al general Saint-Marcq, reportando a continuación la respuesta al parlamentario francés. Rendida la ciudad, el Mariscal Lannes, conociendo quién había sido el autor de la respuesta a su ofrecimiento de capitulaciones, ordenó el pronto fusilamiento de Gálvez Cañero. No obstante, la suerte –siempre caprichosa– se alió con el militar pontanés: Lannes fue avisado por uno de sus  ayudantes de que, siendo Gálvez Cañero un militar importante, debía ser sometido a juicio para –posteriormente– ser ejecutado “con todas las de la ley”. Accedió a ello el Mariscal, lo que posibilitó la huida de Gálvez Cañero incorporándose astutamente a una cuerda de prisioneros que salió para Francia. Huyó en Tudela, atravesó media España socorrido por las buenas gentes del campo, patriotas sencillos que lo ocultaron y señalaron los caminos menos transitados y alejados del peligro francés. Cansado y andrajoso, pero sano y salvo, llegó a Córdoba -donde pudo recuperar fuerzas- y después a Sevilla, donde la Junta Central le confirió el ascenso a brigadier de los reales Ejércitos con antigüedad del 9 de marzo de 1809. Brigadier es el oficial  general cuya categoría era inmediatamente superior a la de coronel. Esta categoría ha sido hoy reemplazada en el Ejército por la de general de brigada.

Meses después sería interrogado por el Auditor General de la Guerra acerca de varios extremos en relación con determinados comportamientos: qué ocurrió con el sello, es decir, con la estampilla del General José Palafox, así como con todos sus papeles e igualmente se le cuestionará sobre un dinero que debía entregar a Felipe Lallave, en Madrid, para las plazas de oficiales. Gálvez Cañero se enfadó e indignó sobremanera al verse sometido a este interrogatorio, haciendo referencia a sus servicios a la patria y el haber despreciado las ofertas del general Lannes (“mostrando la misma constancia despreció la muerte a que estaba sentenciado, y todo por no faltar a su honor ya  su Rey”), con riego incluso de su propia vida, y los tres encarcelamientos a los que fue sometido. En cualquier caso salió airoso del dicho expediente, alegando que la custodia de la estampilla no era de su competencia y que, respecto a los papeles por los que se les preguntaba, “según las órdenes expresas del general Palafox, los quemó después de la entrada de los franceses, por cuyo medio, bien a costa de su propia vida, salvó la de infinito número de buenos patricios de las provincias contiguas”. En relación a aquellos dineros, justificó que aun estando destinado “al vestuario de las tropas desnudas”, no pudo ello realizarse por la próxima entrada de las tropas enemigas, por lo que esa suma debía encontrase en poder del comisionado Lallave. No constando repercusión negativa alguna del dicho expediente, podemos establecer la hipótesis de que el Auditor de Guerra, tras las pistas proporcionadas por Gálvez señalando a Felipe Lallave, encontraría aquellos dineros “extraviados”, concluyendo así el expediente a plena satisfacción.

Fernando VII con el hábito de la Orden del Toisón de Oro (Vicente López)
Siguió batallando desde 1809 a 1812 con el ejército de Extremadura y a las órdenes del mariscal de campo Fernando Gómez de Butrón, comandante general de la caballería. Fue nombrado coronel del Regimiento de América y en 1823 asistió con las tropas constitucionales a la defensa de Cádiz, sitiada por el ejército francés. Recuperada Cádiz y devuelto Fernando VII al trono absolutista, la carrera de Gálvez Cañero tocó a su fin, precisamente por su adscripción al sistema constitucional. Es cierto que no fue perseguido como muchos otros, pero desde luego, obviamente, no fue ascendido teniendo que retirarse a  Puente Genil.



Al inicio de la guerra civil de los siete años –la Primera Guerra Carlista– que enfrentó a los partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón y un régimen absolutista, contra los partidarios de Isabel II y de la Regente María Cristina de Borbón (cuyo gobierno comenzó siendo absolutista, pero acabó convirtiéndose en liberal), era brigadier y estaba de cuartel en Puente Genil. De ideas liberales, se pone al lado de la Constitución y ofrece sus servicios al Gobierno constitucional, que le confía la Comandancia General de la provincia de Córdoba. En 1836 cuando el ejército carlista se dirige a Andalucía al frente de Miguel Gómez Damas y Ramón Cabrera y Griñó, comprende la ineficacia de las medidas adoptadas por su Gobierno y propone replegarse a Sevilla. El Gobierno se niega a ello y lo releva de las responsabilidades encomendadas, retirándose entonces a Puente Genil sin mando alguno. Los acontecimientos que luego siguieron demostraban que no anduvo muy desacertado nuestro paisano en su propuesta, pues a pesar de las medidas adoptadas por el gobierno constitucional (en contra de las opiniones de Teodoro Gálvez) el ejército carlista tomó Córdoba y continuó hasta Gibraltar.

En 1853 era, en esta situación, el brigadier más antiguo del ejército español cuando, en reparación de tal injusticia y tropelía, atendiendo a los méritos, servicios y dilatada carrera, fue promovido a mariscal de campo en virtud de Real Decreto de la reina Isabel II de fecha 5 de enero, publicado el 6 de enero de 1853.

Finalizada la Guerra de la Independencia casó con la viuda de Francisco Palafox, Teresa de Villalpando y San Juan, hija de los Condes de San Juan, de la nobleza aragonesa, dama de la noble orden de María Luisa (fallecida el 7 de marzo de 1861), con quien tuvo dos hijos, Francisco y María Teresa Gálvez y Villalpando, condesa de Torresecas. Gálvez Cañero murió el 18 de junio de 1859, bajo su testamento de 3 de enero del mismo año, otorgado ante el escribano Mariano Montilla.
Por él sabemos que no mantenía relación alguna con sus hijos: de María Teresa nos dice que “se haya casada, pero ignoro el nombre y apellido de su marido” y al referirse a Francisco, tristemente reconoce que “no tengo noticias de su existencia y paradero actualmente”. Si a ello unimos que su esposa tenía su residencia en Madrid, alejada del mariscal, y que éste murió en la más absoluta ruina, pues declara “no poseer bienes muebles, inmuebles, caudal, hacienda ni efectos de ninguna clase de que poder disponer”, dependiendo únicamente su subsistencia de la mitad de la paga mensual que le correspondía, ya que la otra mitad la percibía su esposa Teresa, si además añadimos que vivió en casa ajena y enfermo durante sus últimos años, adeudando a su fallecimiento la cantidad de tres mil reales de vellón por salarios o soldadas, descubrimos un triste final para quien debió ser un militar extraordinario al servicio de España y sus ejércitos.

Teodoro Gálvez Cañero forma parte de esa ingente lista de pontanenses ilustres cuyo recuerdo va cayendo en olvido: injusticia ésta ante la cual debemos levantarnos y reivindicar la memoria de aquel que con sus servicios a España conquistó el tratamiento de Excelentísimo. Se ha olvidado su trayectoria en este Puente Genil, pero no así en Zaragoza. Con motivo del Centenario de la Guerra de la Independencia decía de él el general de artillería Mario de la Sala Valdés y García Sala, que entre todas las figuras relevantes en la defensa de Zaragoza en 1808 y 1809, ninguna tan olvidada y necesitada de que reverdezcan sus laureles como el heroico Gálvez Cañero: pues si es cierto que en aquella alta ocasión alcanzó justa fama y que los historiadores le citan con elogio como uno de los cooperadores más allegados al general Palafox, pocos son lo que puntualizan los méritos anotados en el historial de su hoja de servicios, que tuvimos la fortuna de examinar.

En 1908, con motivo de los actos de celebración del Centenario de los sitios de Zaragoza, se edificó en aquella ciudad la Escuela de Artes y Oficios, erigiéndose en su fachada varias lápidas conmemorativas. En una de ellas, consagrada al recuerdo de “Los caudillos militares defensores de Zaragoza” se leía el nombre de nuestro héroe “Conel. D. Teodoro Gálvez Cañero”.

Firma de Gálvez Cañero estampada en su testamento


Fuentes:

  • “Apuntes Históricos del Villa de Puente Genil” Agustín Pérez de Siles y Antonio Aguilar y Cano, 1874.
  • “Obelisco histórico en honor de los heroicos defensores de Zaragoza en sus dos sitios (1808-1809)” Mario de la Sala Valdés y García Sala, Zaragoza 1908
  • “El Católico”, 7 enero 1853
  • “El Faro Nacional”, 13 febrero 1853
  • “El Contemporáneo”, 10 marzo 1861
  • “Botas y espadas en la secreta sociedad de la escuadra y el compás: la masonería y los militares en la Historia de España”, Alberto Valín Fernández. Revista Anuario Brigantino nº 27, Ayuntamiento de Betanzos (A Coruña), 2004.
  • “Arquitectura de la Exposición Hispano-Francesa de 1908”, Diputación Provincial, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, Jesús Martínez Verón
  • “Guerra y cuchillo. Un grito por la Independencia y la Libertad. Primer Sitio de Zaragoza 1808” XXV premio Los sitios de Zaragoza 2010. Ayuntamiento de Zaragoza 2011. José Antonio Pérez Francés.
  • Archivo Histórico Nacional. Secretaría de Guerra. Averiguaciones sobre Teodoro de Gálvez Cañero, secretario del General Palafox.
  • Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Aguilar de la Frontera, Córdoba.

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